La biología del ‘sex–appeal’:
elección de pareja en humanos
por Ester Desfilis Barceló, Instituto Cavanilles de Biodiversidad
y Biología Evolutiva, Univ. de València.
Gentileza Lic. Diana Resnicoff.
Cuando consideramos la enorme cantidad de dinero que mueve
la industria de la belleza, desde la cosmética a la cirugía
plástica o la moda, se hace evidente que el atractivo físico
es un tema que nos preocupa mucho. Es erróneo pensar que
esta preocupación es algo exclusivo de las sociedades occidentales
actuales. La belleza es y ha sido una inquietud constante
desde los orígenes de nuestra especie, e incluso antes (se
han encontrado adornos corporales como collares o pulseras
junto a los restos de homínidos anteriores a Homo
sapiens). Hombres y mujeres de culturas muy diferentes
adornan su cuerpo con algún tipo de maquillaje, tatuajes,
piercing y/o abalorios de todo tipo.
Charles Darwin, en su libro The descent of man,
and selection in relation to sex, fue el primero que
trató el tema de la belleza humana desde un punto de vista
biológico. Basándose en los comentarios de varios misioneros
británicos, intentó encontrar patrones de belleza comunes
a todos los humanos. Probablemente debido a los prejuicios
y falta de objetividad científica de los informadores, Darwin
acabó concluyendo que no existía un estándar general de
belleza: distintas culturas tenían distintos patrones de
belleza. Sin embargo, algunos estudios transculturales realizados
recientemente han demostrado que sí existen unos patrones
de belleza universales. Personas de diferentes clases sociales,
edades, culturas y razas comparten un mismo sentido estético
de la belleza humana y coinciden a la hora de discriminar
qué es atractivo y qué no.
¿Por qué nos resultan sexys determinados rasgos
faciales o corporales? ¿Por qué los hombres se sienten atraídos
por las jovencitas y, en cambio, las mujeres se interesan
por hombres mayores y bien situados? Recientemente, algunos
científicos se han planteado que para comprender éstos y
otros aspectos del comportamiento humano es necesario empezar
por reconocer que se trata de un problema de biología evolutiva.
A raíz de estas ideas ha surgido una nueva disciplina, denominada
psicología evolucionista, que tiene como objetivo descubrir
y comprender el diseño de la mente humana desde una perspectiva
evolutiva. Los principios en que se basa esta nueva ciencia
son muy simples y a la vez muy sugerentes, y se pueden resumir
en la siguiente afirmación: nuestros circuitos neurales
son el resultado de un proceso evolutivo, han sido diseñados
por la selección natural para resolver los problemas a los
que nuestros ancestros se han enfrentado a lo largo de nuestra
historia.
Generación tras generación, durante más de 10 millones
de años, la selección natural ha ido lentamente esculpiendo
el cerebro humano, favoreciendo aquellos circuitos que permitían
resolver de forma apropiada los problemas a los que se enfrentaban
nuestros ancestros: encontrar pareja, conseguir alimento
(cazando y recolectando), buscar aliados, defenderse de
los enemigos, criar a los hijos... Esto supone que, para
entender nuestro comportamiento en el presente, hemos de
tener en cuenta que está generado por mecanismos de procesado
de información que existen porque resolvieron problemas
adaptativos en el pasado, es decir, en los ambientes ancestrales
en los que los humanos evolucionaron. Eso no quiere decir
que la selección natural no continúe su acción en el presente,
pero las condiciones que hoy en día nos resultan tan familiares,
las ciudades, las naciones, las máquinas, las fábricas y
los colegios, por citar algunas, son muy recientes. Representan
menos de una milésima de la historia de nuestra especie
y la evolución necesita mucho tiempo.
Nuestro cerebro contiene diferentes circuitos neurales
especializados en resolver diferentes problemas adaptativos,
y uno de los problemas más importantes con que se enfrenta
todo animal a lo largo de su vida es el de encontrar pareja
y reproducirse. Aunque pueda resultar demasiado pragmático
y poco romántico, nuestros cerebros han sido diseñados para
detectar y considerar sexualmente atractivos aquellos estímulos
que son indicadores de un mayor potencial reproductor. Aquellos
humanos primitivos que eligieron parejas con mayor capacidad
reproductora dejaron más hijos y todos nosotros somos sus
descendientes.
Nuestra experiencia cotidiana nos muestra que hombres y
mujeres afrontan la sexualidad de forma muy diferente. Esto
tiene sentido desde una perspectiva evolutiva, ya que como
ocurre en otras especies animales, las mujeres realizan
una mayor inversión parental y tienen un potencial reproductor
mucho menor que los hombres. Un hombre puede engendrar muchos
más hijos de lo que la monogamia le permite. Por tanto,
ha habido un conflicto de intereses que ha llevado a que
hombres y mujeres hayan evolucionado hacia estrategias sexuales
diferentes. La psicología evolucionista ha formulado algunas
hipótesis sobre las diferencias de estrategia entre los
dos sexos a la hora de elegir pareja, y muchas de las predicciones
que surgen a partir de esas hipótesis han sido comprobadas
experimentalmente. En general, los hombres tienden a ser
más promiscuos y más dispuestos a mantener relaciones sexuales
con parejas ocasionales que las mujeres, y éstas son mucho
más exigentes (selectivas) respecto a sus parejas sexuales.
Estudios sobre las preferencias a la hora de elegir pareja
de hombres y mujeres de culturas muy diversas han demostrado
que las mujeres colocan entre los primeros lugares los recursos
que puede aportar el hombre, mientras que los hombres valoran
la belleza. Pero, ¿qué rasgos resultan bellos a los ojos
de los hombres? De forma universal, las mujeres más atractivas,
más sexys, son aquellas que exhiben caracteres que
indican un alto valor reproductivo. Los hombres aprecian
aquellas características físicas que se correlacionan con
la juventud, como la nariz y el mentón pequeños, los labios
gruesos y la piel tersa, y con la fertilidad, como una cintura
estrecha y unas caderas amplias (una relación cintura-cadera
de 0.7 se considera sexy). Por otra parte estos rasgos
están controlados por los niveles de estrógenos (más concretamente
por la proporción entre estrógenos y testosterona). Curiosamente
las mujeres encuentran atractivos distintos rasgos masculinos
dependiendo del momento del ciclo menstrual. Aunque en general
prefieren hombres con rasgos faciales suaves, algo feminizados,
en el momento de máxima fertilidad del ciclo menstrual eligen
hombres con rasgos faciales y corporales más masculinizados
(indicadores de niveles elevados de testosterona).
Una característica que todos los humanos independientemente
del sexo o la edad valoran a la hora de juzgar el atractivo
de una persona es la simetría. Esta atracción por la simetría
es algo que tenemos en común con muchas especies animales.
Pero, ¿qué indica la simetría? Se considera que el grado
de simetría es un indicador de “calidad genética”. Al elegir
una pareja simétrica estamos eligiendo “buenos genes” para
nuestros hijos. En todas las culturas, los hombres y las
mujeres más simétricos son considerados los más atractivos.
Se han realizado numerosos estudios sobre las relaciones
entre simetría facial o corporal y el éxito en el apareamiento
o el atractivo sexual en humanos. Los resultados de estos
estudios demuestran que las mujeres más simétricas se emparejan
con hombres con más recursos. Los hombres más simétricos
pierden la virginidad antes, tienen más parejas sexuales,
invierten menos recursos en la relación y son más infieles.
Además, su olor resulta más sexy. Por otra parte,
la frecuencia de los orgasmos femeninos durante la cópula
se correlaciona con el grado de simetría de su pareja, de
forma que los hombres más simétricos estimulan más orgasmos
en sus parejas. Lo más curioso de estos trabajos es que
demuestran que nuestro cerebro está capacitado para detectar
y responder ante la más mínima asimetría ¡de forma totalmente
inconsciente!
El comprender el papel de la evolución en el fascinante
proceso de la atracción sexual no nos evitará enamorarnos
locamente cuando se presente la ocasión, pero tal vez nos
ayude a enfocar de forma más pragmática algunas de las decepciones
que pueden surgir en las relaciones con “el otro sexo”.
___________
Las fotografías que ilustran este artículo han sido cedidas
por el fotógrafo Jesús Micó y formaron parte de la exposición
“Natura hominis. Taxonomías”.
En esta fotografía se pueden apreciar las diferencias individuales
en el grado de simetría corporal. Nuestro cerebro es capaz
de detectar las más mínimas asimetrías del cuerpo humano.
Como pasa en otras especies animales, tendemos a considerar
más sexys los cuerpos más simétricos.
Personas de diferentes clases sociales, edades, culturas,
razas y orientación sexual comparten un mismo sentido de
la belleza humana y coinciden en que los hombres y las mujeres
más simétricos son los más atractivos
Para calcular el grado de simetría facial o corporal se
toman fotografías frontales, se marca el eje de simetría
bilateral y se toman medidas de determinados puntos. En
esta fotografía aparecen señaladas algunas de estas medidas
en la cara (distancias entre las comisuras de los ojos,
anchura de la nariz y de la boca, distancia entre los pómulos…)