
Climaterio y sexualidad
Dra. Olga Marega
El climaterio es un síndrome
que se caracteriza por la presencia de múltiples
y variados signos y síntomas (ginecológicos y generales),
durante la
etapa final de la fase reproductiva de la mujer.
El climaterio es el período de la vida que abarca “los
años previos y posteriores a la fecha de la menopausia”.
El climaterio se inicia por lo común antes de la menopausia,
manifiesta toda su fenomenología en el momento de la menopausia, y al desaparecer
las menstruaciones, todavía se prolonga su cuadro endocrino y vegetativo durante
algunos meses o años.
La menopausia se define como “la fecha de la última menstruación”,
e indica el cese de la función reproductiva. Después de transcurrido un año
desde la última menstruación, esa última menstruación puede ser considerada
menopausia.
Durante este período y en tiempos distintos, comienzan
a disminuir las hormonas ováricas, ocasionando alteraciones somáticas y psíquicas
(trastornos del ciclo menstrual, sequedad de la piel, “tuforadas” o sofocos,
insomnio, irritabilidad, labilidad emocional, etc.) que obligan a atender
las necesidades individuales y específicas de cada mujer. Ya hemos indicado
previamente la diferencia entre climaterio y menopausia, pero nos parece
oportuno reforzar el concepto de que la menopausia “sólo” indica la finalización
de la función reproductiva, y no de la vida sexual de la mujer.
Los ovarios claudican en su función hormonal ( estrógenos
y progesterona) y generativa, pero los cambios fisiológicos y emocionales
derivados de este hecho biológico, no debería afectar las otras funciones
de la sexualidad si la mujer y su pareja estuvieran debidamente informados
y predispuestos para aceptar las modificaciones biológicas y emocionales.
El futuro del erotismo femenino en esta etapa de
la vida, dependerá del significado que cada mujer
le haya otorgado a su sexualidad, de la propia historia sexual,
de la calidad del aprendizaje erótico que hayan atesorado
en sus vidas, del nivel de satisfacción que hayan
logrado en sus relaciones sexuales, de la calidad de relación de la
pareja, de la capacidad de comunicación con su pareja,
de la autoaceptación, auto estima, y de la plenitud de
los niveles de intimidad y amor que pueda compartir con su pareja,
y de tantas otras condiciones que entran en el terreno de la singularidad
y la variación, tan frecuente en este aspecto como en tantos otros de la
vida misma.
Una mujer que ha asociado su sexualidad sólo al aspecto
reproductivo, la menopausia significará para ella el declinar de su vida
erótica. Contrariamente para aquella mujer, que supo disfrutar otros aspectos
de su sexualidad, que mantiene buen estado de salud y una relación armónica
con su pareja, esta nueva fase de su vida las puede sorprender gratamente.
Con mayor libertad, con mas disponibilidad de tiempo libre,
y sin temor al embarazo, algunas parejas disfrutan plenamente de su vida erótica
hasta edades avanzadas.
Veamos cuales son los cambios que acontecen en la “respuesta
sexual femenina” durante la edad fértil, y los que acontecen en la edad del
climaterio y cual es su causa.
La respuesta sexual tiene básicamente seis fases: fase
de deseo, fase de excitación, fase de meseta, fase de orgasmo, fase de resolución,
y satisfacción.
La “fase de deseo” está determinada por complejos mecanismos
biológicos, psicológicos y sociales.
A diferencia de otras especies animales, donde el instinto
sexual está determinado
100 % por la función hormonal cuando la hembra está en
celo y sus feromonas atraen al macho de su misma especie, la hembra humana
tiene la capacidad de experimentar el deseo sexual en cualquier momento de
su vida, aún cuando está menstruando, embarazada, o amamantando; siempre
y cuando estén dadas las condiciones para desear.
Estas condiciones serán favorables cuando las cualidades
personales del amante y de la experiencia erótica a desempeñar con él,
se adecuen a los gustos, tiempos, y las demandas de la mujer.
También cuando reciba la invitación de repetir una experiencia
sensual y/o sexual que le resultara placentera, o cuando la mujer se
sienta segura con sus atractivos personales de seducción.
La disfunción sexual más frecuentemente observada en este
período de la vida es la “inhibición del deseo”.
Muchas veces, los cambios físicos desfavorables de ella
y de su compañero, el descuido en los hábitos personales, el aumento de peso,
el envejecimiento de la piel, provocan distanciamiento erótico e inseguridad
emocional.
La “fase de excitación” se caracteriza por tener reacciones
vaso congestivas locales, responsables de los fenómenos de lubricación e
hinchazón del tracto genital externo inferior.
El estímulo táctil corporal y fundamentalmente
localizado en el clítoris, es el mayor responsable de este fenómeno
fisiológico.
La piel, en todo su recorrido, se convierte en el
órgano sexual más importante; siempre y cuando se respeten las condiciones
de calidad y cantidad de estímulo que cada mujer requiera para su plena
estimulación.
Después de la menopausia, la atrofia de la mucosa genital
y de la musculatura perineal se convierte en la mayor responsable de
la disminución de la lubricación vaginal. Esta carencia de turgencia y humedad
necesaria para la penetración puede provocar “dispareunia”, y consecuentemente
rechazo sexual o “inhibición del deseo”.
También la atrofia del clítoris puede enlentecer
la respuesta sexual, y el envejecimiento de la piel puede alterar la
estimulación sensorial por daño real de los receptores sensoriales, o por
daño a la autoestima, al verse y sentirse la persona menos erótica, y consecuentemente
menos deseada.
La piel es un órgano multisistémico con una compleja función
modulada hormonalmente. Tiene receptores estrogénicos alfa y mayoritariamente
beta, receptotes de progesterona, y de andrógenos localizados en todos sus
componentes; es un órgano “target” de las hormonas sexuales en todo su territorio.
La piel tiene un origen neuroectodermico, es el órgano
más largo del cuerpo, y es aún más importante su representación cerebral.
De acuerdo a su localización y su rica comunicación con el cerebro, la piel
es el órgano de mayor importancia con el sentido del tacto.
La piel es nuestra carta de presentación al mundo, tiene
la memoria escrita y visible de cómo es nuestra vida. Su característica y
su textura revela nuestra edad y nuestro estilo de vida ( la exposición solar,
el cuidado de la piel, la calidad de los nutrientes, los niveles de stress,
y la calidad de nuestra salud).
El tipo y características de las arrugas faciales, suman
más información de nuestra personalidad y las actitudes que adoptemos hacia
la vida..
En las mujeres, el aspecto de la piel también sugiere
desordenes hormonales. Por ejemplo, un exceso de andrógenos produce
acné, hipertricosis o hirsutismo, afectando no sólo su apariencia, sino también
la imagen corporal y su percepción.
De la misma forma la falta de estrógenos depriva a la piel
de su “savia” vital. Se producen cambios en el PH, tornándose más ácida según
se sumen los años. También se producen cambios en el sudor, en la calidad
y cantidad de la secreción sebácea, de la cantidad de colágeno y elastina,
e incluso las feromonas (sexuales y no sexuales) que dramáticamente disminuyen
después de la menopausia.
Todos estos cambios modifican la hidratación y la textura,
y consecuentemente la “identidad olfativa de cada piel”.
Se pierde específicamente “la fragancia natural de la
mujer”, tan típica de la edad fértil. También se modifica aquella específica
“identidad táctil ” de la piel que es propia de cada mujer.
En la intimidad, el sabor de los besos y de la piel en
si misma suman otra cuota a la percepción de singularidad que los distintos
órganos sensoriales perciben de una manera holística.
Se pierde aquella específica identidad sexual que cada
una de las personas tiene como un rasgo propio de originalidad.
El erotismo tiene raíces multisensoriales: los cambios
hormonodependientes en estructuras sensitivas afectan la función sexual en
formas todavía no sospechadas.
Como un órgano multisistémico, la salud de la piel depende
de la integridad y función de las estructuras mesodermicas: fibroblastos,
colágeno, elastina, matrix, y vasos que representan la mejor forma de llegada
de nutrientes y remoción de toxinas, de las terminaciones neuroectodermicas,
epidermis y mucosas, incluida la integridad de cientos de terminaciones nerviosas
que llevan la múltiple información desde la piel al cerebro y viceversa, del
sistema inmunitario que tiene su mas delicado límite en la piel.
Como un órgano multicentrico, la piel muestra el status
de salud de un individuo, y su dinámico interjuego entre los factores bio
y psicosexuales.
La “fase de orgasmo” se caracteriza por ser mioclónica.
Contracciones reflejas, involuntarias y rítmicas de los músculos estriados
y tejidos espesados que rodean el introito vaginal.
El útero se contrae también durante el orgasmo, aunque
es imperceptible para la mujer. Solo cuando el nivel de estrógeno es bajo,
estas contracciones se pueden tornar dolorosas y describirse muy similares
a los calambres menstruales.
Cuando la atrofia muscular es manifiesta después
de la menopausia, la “incapacidad para alcanzar el orgasmo” se presenta como
una realidad.
Se sabe que aunque la estimulación del clítoris es crucial
para la provocación del orgasmo, el mismo no juega ningún papel en su realización.
Los orgasmos femeninos se expresan mediante contracciones vaginales.
Las afecciones ginecológicas y las disfunciones sexuales
más frecuentemente encontradas en las mujeres que cursan la edad del climaterio
son: dispareunia, desordenes del deseo sexual (inhibición general del deseo,
falta de interes a su pareja, conductas de evitación), desordenes del orgasmo
( respuesta orgásmica retrasada, respuesta orgásmica de menor intensidad,
o anorgasmia en coito).
Muchos de los trastornos sexuales tienen como base un sustrato biológico.
La falta de trofismo genital originada por la claudicación hormonal de
las gónadas femeninas, ocasiona una serie de importantes cambios genitales,
corporales, y emocionales. Los cambios en la piel y su consecuente perdida
de la identidad táctil, la hipoatrofia o atrofia genital de la mucosa y
la falta de lubricación vaginal, la atrofia del clítoris o del piso pélvico
muscular y su consecuente disfunción orgásmica, son algunos de los más observados.
Pero también sabemos que muchas de las disfunciones que se presentan
en esta etapa de la vida de la mujer, se han venido arrastrando desde
lejanos tiempos de su vida reproductiva. Por esta razón, es muy importante
saber que tipo de historia erótica ha tenido la mujer consultante,
que tipo de relación de pareja y familiar, para poder hacer una evaluación
de situación lo más objetiva y real posible.
Las mujeres que han tenido un pasado sexual pobre en experiencias sensuales
y sexuales placenteras, encontrarán el argumento ideal para responsabilizar
a “la menopausia”, de su desinterés o apatía sexual. Las que han disfrutado
de una vida erótica placentera, ni siquiera notará los cambios, o buscará
rápidamente ayuda profesional para solucionarlos.
Algunas mujeres se encuentran confundidas por cambios de roles familiares
que se ven forzadas a sufrir: cambios laborales propios o de sus parejas,
hijos que se alejan del lecho familiar “síndrome del nido vacío”, hijos y
nietos de divorcios o familiares políticos ( abuelos solos o enfermos) que
se instalan en el medio de la intimidad conyugal “ síndrome del nido repleto”.
También es indispensable investigar sobre las posibles disfunciones sexuales
masculinas que puedan estar afectando el normal desempeño erótico de la mujer.
Una disfunción erectiva del esposo, o un trastorno en la eyaculación (precoz
o retardada), pueden provocar una conducta evitativa, o una disfunción orgásmica
en ella.
Esta demostrado que la capacidad de desear, y de tener orgasmos no se pierde
nunca en presencia de un estímulo adecuado, aunque la persona tenga una edad
muy avanzada. Sí, se puede enlentecer la respuesta a la excitación sexual,
por las razones previamente citadas.
Mujeres y varones de edad media o avanzada de la vida, pueden adaptarse a
los cambios fisiológicos y disfrutar de una buena vida sensual y erótica,
si aprenden a incrementar la calidad de los estímulos, y el tiempo mutuo
de estimulación.
Para ello se necesita un buen nivel de información médica, para educar
sobre los cambios esperados en esta etapa de la vida, y la forma de solucionarlos.
También la pareja necesita mantener una fluida comunicación, afecto,
confianza, y seguridad mutua.
Es muy importante en este momento de crisis de la vida,
recibir información, educación, para poder hacer una adecuada
prevención de enfermedades y disfunciones (sexuales, cardiovasculares,
osteoporosis, etc.) La terapéutica hormonal de reemplazo,
y la orientación médica y psicológica para afrontar los
nuevos proyectos de vida que puedan replantearse en esta
etapa, suelen ser oportunos según la evaluación particular
de cada mujer y su contexto.