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Cien dibujos muestran el erotismo enigmático de las mujeres
de Klimt
Gentileza Lic. Diana Resnicoff.
La Fundación Mapfre enseña por primera vez los fondos de
la Colección Sabarsky sobre el artista
J. Ors
Madrid- Las mujeres de Gustav Klimt (1862-1918) son sensualmente
explícitas, melancólicas y desinhibidas. El estudio del
pintor era conocido por su tremenda relajación sexual, por
unas modelos que le dieron varios hijos y por haber acuñado
un tipo nuevo de figura femenina que se imitó en la historia
del arte durante todo el inicio del siglo XX. Atrás quedaban
esos retratos contaminados de academicismos o por una visión
impregnada de tópicos que remitían, en ocasiones, a la Eva
bíblica. Klimt rompe y muestra a la mujer desnuda, orgullosa
de su sexo, en plena juventud o envuelta ya por el paño de
la vejez.
La Fundación Mapfre exhibe, hasta el próximo 3 de septiembre
en su sede de Madrid , más de cien dibujos del artista en
la exposición «Mujeres», una selección de piezas de marcado
contenido sexual procedentes de la colección Sabarsky de Nueva
York que recorre todas las facetas y estapas de este singular
creador, reconocido por su obra «El beso».
Dolor y tristeza. Annete Vogel, conservadora de la institución
norteamericana, explicó durante la presentación que el pintor
«se apartó de los cánones impuestos y convierte el desnudo
en algo duro, que no llega a la belleza habitual». En estos
esbozos, a veces sugeridos, a veces remarcados, aparece detallada
una fisonomía intencionadamente alejada de lo ideal, que no
escatima a la realidad ninguna de sus miradas. «Klimt pintó
la vida, el dolor, la muerte y la tristeza del paso del tiemo
-recordó Pablo Jiménez, director general de la Fundación Mapfre-.
Y una mujer que procede del simbolismo. Crea un personaje
misterioso, ensimismado con una personalidad sólida, pero
al mismo tiempo cautivador».
Para Klimt el dibujo no era algo preparatorio, un bosquejo
orientativo para acometer una obra mucho mayor. Klimt ya tenía
un sentido agudo de que estos trazos eran algo más, ya una
obra con su propio calado estético. La muestra comienza con
unos retratos todavía marcados por su periodo de aprendizaje.
El carboncillo y el lápiz llevan desde unos rostros y unos
estereotipos conocidos para progresar poco a poco a esa mujer
que triunfó en su pintura. «Para Klimt, el desnudo es fundamental.
Lo que logró en ellos es mantenerlos fuera de cualquier contaminación.
Son desnudos asépticos, sin ningún escenario alrededor que
lo enmarque. Estas mujeres parecen no ser conscientes de la
mirada del espectador y que nos convierte en un brutal “voyeur”»,
comentó Pablo Jiménez, quien señaló que es la primera vez
que se ven en España estas piezas del artista, quien dejó
atrás, con este trabajo, el tabú sexual que imperaba en aquella
época. En las naciones centroeuropeas del siglo XIX y comienzos
del XX germinó, poco a poco, una profunda reflexión sobre
el amor conyugal y extraconyugal. Una preocupación que caminaba
en paralelo de una sociedad artificiosa, impostada, conducida
hacia la Gran Guerra. Este conflicto pondría fin a ese caracter
exquisito que la identificaba. «Se atiende a las formas, a
las curvas. Las mujeres desnudas responden a una evidente
carga erótica. En estos años surge una atracción hacia el
mundo lésbico, por el amor improductivo como un rasgo de elegancia,
y eso es lo que Klimt recoge», dice Pablo Jiménez.
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