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Una revista que regalo
vibradores en sus ejemplares.
Gentileza Lic. Alicia Cortajerena.
Notisash.Articulo Pagina 12.
El último número del año 2005 de una revista francesa para
mujeres obsequió a sus lectoras un juguete sexual. La polémica
se abrió de inmediato. Quienes la critican dicen que ese regalo
“no corresponde a la vocación de la prensa”. El medio argumenta
que el vibrador “ya es un objeto de uso corriente”.
Por Eduardo Febbro Desde París.
¿A las mujeres francesas les faltarán las vibraciones esenciales
de la vida? A juzgar por el último “juguete” distribuido por
la revista Jalouse en su edición de diciembre de 2005, puede
pensarse que sí.
Envuelto en un coqueto plástico, la revista, especializada
en las “mujeres libres de 20 a 40 años”, hace entrega de un
vibrador. Es cierto que los llamados “sex-toys” están de moda,
pero la idea de la revista francesa suscitó una protesta de
varios círculos. La edición de diciembre dice en la tapa “Buenas
vibraciones para el 2006”. El conjunto del número está consagrado
a las “vibraciones” del año 2006, a fin de no “ignorar nada
de las tendencias”. La revista anuncia un sumario osado con
la promesa de explorar los “fantasmas, deseos extremos o placeres
simples”. El bimensuario, que se describe como “impertinente,
provocador y vanguardista”, anota que sus lectoras “suenan
con sexo personalizado y nos revelan lo que las hace vibrar,
incluso temblar de deseo para 2006”.
Frente a las críticas, los responsables de Jalouse argumentan
que “sólo 50 mil ejemplares, es decir, la mitad de la difusión,
llevan el juguete, a fin de que las lectoras elijan si quieren
o no adquirirlo”.
Pascale Marie, presidenta del Sindicato de la prensa de revistas
y de información (SPMI), defiende la idea de Jalouse diciendo
que “el vibrador es un objeto de consumo corriente cuyo estatuto
ha cambiado considerablemente. Se lo encuentra en venta libre
y aparece en las publicidades sin complejo alguno”. Pero la
aparición del vibrador desembocó en la renuncia de la revista
Santé Magazine del comité que trabaja en el seno de las organizaciones
consagradas a la difusión de la prensa. Santé Magazine sostiene
que la distribución del vibrador “no corresponde a la vocación
de la prensa y, por consiguiente, se aleja de manera abusiva
de esa misión”.
Jalouse se ha caracterizado por un oportuno montaje de provocaciones.
Hace algún tiempo, la revista sacó un número con cuatro primeras
planas diferentes. Cada una de ellas aparecía con la foto
de un hombre cuyas “partes íntimas” estaban cubiertas. Para
poder verlas, sólo había que rascar el circulito que las tapaba.
En apenas dos años, la revista se impuso en el mercado de
las publicaciones femeninas. Jalouse se dirige específicamente
a las mujeres de menos de 40 años, estudiantes o en la vida
activa, que cuentan con un poder adquisitivo suficiente como
para pagarse “las glotonerías de la vida”. Jalouse se presenta
como una revista que “descubre los nuevos talentos” y las
últimas tendencias. Es, en suma, una revista de moda que siempre
presenta “lo más actual o lo que está en la perspectiva de
ocupar el espacio ‘in’ en materia de moda, cultura, nuevas
boutiques o lugares nocturnos sorprendentes”.
La aparición del juguetito no tiene precedentes en la historia
de las revistas femeninas europeas. Es lícito reconocer que
los sex-toys han salido de las catacumbas de los sex shops
para ocupar los estantes de lugares casi públicos. Algunas
publicaciones femeninas los presentan incluso en sus múltiples
variaciones: pingüinos para la ducha, patitos, jabones vibradores,
etc., etc., etc. Internet también ha facilitado la difusión
de esos objetos y hasta hubo una casa de moda francesa de
alta costura, Sonia Rykiel, que los puso en venta libre en
sus boutiques. Ropa íntima porno chic, vibradores, pintura
para el cuerpo, cierta forma de erotismo a través de los objetos
se impusieron en los últimos cinco años. Algunos objetos que
antes estaban condenados por “inmorales” o “perversos” se
exponen hoy en las grandes boutiques o tienen sus lugares
de venta específicos en las callejuelas chics del barrio du
Marais, en el distrito cuatro de París. En la sección ropa
íntima femenina de las célebres galerías Lafayette las mujeres
pueden comprar pintura de chocolate para pintarse el cuerpo
y vivir una noche de sabrosas lamidas al chocolate. Los sex
shops o los erotics shops instalados en calles poco recomendables
e iluminados con pálidas luces mortecinas pertenecen al pasado.
Encuestas recientes muestran que el 70 por ciento de los
franceses dice estar dispuesto a probar nuevas experiencias
para “salar” su vida íntima. Otra encuesta realizada por el
fabricante de preservativos Durex revela que el 20 por ciento
de los franceses tiene un vibrador. La misma marca puso en
el mercado un producto llamado Play Vibrations que se coloca
en la base del sexo masculino y que provoca sostenidas vibraciones
conjuntas.
Jalouse se inscribe así de manera más provocativa en las
costumbres del air du temps. Pero la presencia del llamado
“consolador” en los kioscos de revistas, al alcance de las
adolescentes, plantea una polémica que recién empieza.
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